El vacío en el arte pictórico chino (*)

Inés García Urcola

La noción de vacío desarrollada en la clase anterior a partir del seminario 7 La ética del psicoanálisis, conjuntamente con sus referencias a Sartre y Kojève, será retomada en esta ocasión a partir de las consideraciones de Lacan sobre la letra y la escritura en el seminario 18 De un discurso que no fuera del semblante, y la referencia al escritor y poeta François Cheng.
Enrique Acuña se refirió, a partir del paradigma de la no relación sexual en la enseñanza de Lacan, a la clave de lectura del seminario 18 que plantea Miller en su contratapa: “Se trata del hombre y de la mujer -de sus relaciones más concretas, amorosas y sexuales, en su vida diaria, sí, así como en sus sueños y sus fantasmas. Sin duda esto no tiene nada que ver con lo que estudia la biología con el nombre de sexualidad.”

La no relación sexual pone en juego entre el hombre y la mujer un vacío a partir del cual se fabrica un fantasma como productor de sentido y vehículo del deseo. Sin embargo Lacan señalará que la vía del síntoma inaugurada por Freud abre la posibilidad, en la experiencia analítica, de otro tratamiento del vacío, por la vía de la poesía, la idea de que un analizante se vuelva un poema en dirección a producir un sentido nuevo.

En este punto, siguiendo el planteo de Eric Laurent(1) y la referencia a François Cheng en el seminario 18, es que se comentó el texto Vacío y Plenitud.
El autor parte de una cosmología o pensamiento chino que determina una práctica, la del arte de la pintura china, profundamente vinculada con la caligrafía, no sin señalar que dicho pensamiento puede encontrarse en otras prácticas en la cultura oriental, como la música, la poesía, prácticas corporales, etc.
En la primera parte del libro va a desarrollar la cosmología china como la manera en la que se concibe la creación y marcha del universo, que se designa en chino con la palabra Tao; Tao significa vía o camino, y también significa hablar, es decir que trata sobre un orden de la vida y un orden de la palabra. El Tao o vía solo es concebible a partir de la noción central de vacío.
Podríamos resumir este pensamiento a partir de una cita que toma el autor de “El libro de la vía y de su virtud”, de Laozi, padre fundador del taoísmo:

El Tao de origen engendra el Uno
El Uno engendra el Dos
El Dos engendra el Tres
El Tres engendra los Diez Mil seres
Los Diez Mil seres endosan el Yin
Y abrazan el Yang
Por el soplo del Vacío-central
Realizan el intercambio-entendimiento(2)

El Tao o la vía de origen se vincula al vacío primordial, que no es algo vago e inexistente sino un elemento o lugar desde donde se operan las transformaciones; antes de cielo y tierra es el no haber, la nada o wu, que tiene como corolario el haber, diferente al vacío o xu que tiene como corolario lo lleno; se trata del vacío como estado originario hacia el cual debe tender todo ser.
Del vacío emana el aliento o soplo primordial, el Uno. El Uno se divide en dos soplos vitales, el Yin (principio de la dulzura receptiva, femenino) y el Yang (principio de la fuerza activa, masculino). Al Dos se agrega el Tres, que sería el vacío intermedio a través del cual Yin y Yang entran en un campo interactivo y se transformen mutuamente; el Tres representa la combinación de los alientos vitales Yin y Yang y del vacío intermedio a través del cual se mantiene la relación con el vacío supremo. De esta interacción se engendrarán los Diez Mil seres.
El Tao implica cambio o mutación continua. “Lo que no cambia es el vacío mismo. Un vacío sin embargo vivificante dónde se origina el soplo, de donde lo que es sin-tener Nombre tiende constantemente hacia el-tener Nombre; lo que es sin-tener Deseo tiende constantemente hacia a el-tener Deseo. Pero he aquí: en cuanto hay Nombre, en cuanto hay Deseo, no estamos más en lo constante(…) el verdadero constante es el Vacío de donde surge constantemente el soplo.”(3)

Las entidades vivas serán condensaciones de soplos (Yin, Yang, Vacío intermedio), y en su interior también son habitadas por el vacío que las enlaza al espacio originario. Se trata de un constante campo de transformación que las sitúa en su verdadero devenir. Según Laozi la vida humana es un trayecto en el tiempo, es preciso en ese transcurso realizar el regreso. El regreso es posible gracias al vacío que introduce un movimiento circular que enlaza al sujeto con el espacio originario. El vacío se presenta como garante del buen funcionamiento de la vida. En la existencia de un ser particular el tiempo sigue un doble movimiento: lineal en el sentido de una mutación cambiante, y circular en el sentido de una mutación no cambiante.
Luego de presentar esta cosmología se referirá al vacío como lo que domina la pintura china. La pintura como un arte de la vida, una práctica que pone en juego todos los elementos de esta cosmo-ontología, que busca discernir las líneas internas de las cosas, el vacío que las habita y estructura, mediante pinceladas habitadas por sombra y luz. Esta práctica no trata de representar lo ya creado, es más bien el intento de “revelar el misterio de la creación y así crear una auténtica forma de vivir”(4). El acto de pintar se vincula a la acción demiúrgica del universo en devenir; por eso el autor dirá -algo que nos hace pensar en la idea del analizante vuelto poema- que finalmente el hombre se absorberá en su obra, “porque en ello se halla para él la verdadera superación, en ello se halla la participación en el perfeccionamiento de la creación”.(5)

François Cheng ilustrará esta concepción del arte pictórico con el tratado de pintura de Shitao, artista del siglo XVII cuyo pensamiento se funda en una serie de nociones, entre las cuales podemos mencionar:
-Yinyun: se relaciona con la idea de caos originario y con el Uno como soplo primordial, es el estado en el que yin y yang son indistintos pero en virtual devenir. Es un estado de promesa de vida, donde el impulso del no ser hacia el ser es posible. En un cuadro implica la pincelada o trazo único del pincel, que se sitúa al comienzo, pero subsiste en la medida en que no se concibe la idea de cuadro acabado.

Receptividad: hace falta que el artista sea él mismo en lo más íntimo, movido por los soplos vitales (yin, yang y vacío central), que haya una interacción entre sus soplos internos –Cheng hablará de pulsiones- y los soplos externos. El pintor se propone captar en su obra los alientos que animan todas las cosas, para ello recurre al elemento esencial: la pincelada.
-Trazo único del pincel: se desprende de yinyun, es a imagen del soplo primordial, un poderoso significante que llama a otros trazos. Shitao dirá que el trazo único contiene en él los Diez Mil trazos, es a la vez lo Uno y lo múltiple, la traza y la transformación.
La pincelada proviene del arte caligráfico, no se trata del simple contorno de las cosas sino que tiene múltiples implicaciones. En este sentido el autor dirá que “Por lo grueso y lo fino de su trazo y por el vacío que encierra, representa forma y volumen. Por su ´ataque`y su ´empuje`, expresa ritmo y movimiento; por el juego de la tinta, sugiere sombra y luz; finalmente, por el hecho de que su ejecución es instantánea y sin retoques, introduce los alientos vitales.”(6)

El arte pictórico chino expresará entonces el acto de la creación del universo y del propio artista. El trazo único como aquel que separa cielo y tierra; la unión de la tinta y el pincel, como la interacción del Yin y el Yang -el valle y la montaña, lo invisible y lo visible, lo vacío y lo lleno-, que gracias al vacío intermedio generado en el cuadro –espacios en blanco, nubes, líneas entrecortadas y diferentes tipos de pinceladas- generará todos los seres y sus potenciales transformaciones.

 

*Reseña de la clase del 17 de noviembre del seminario anual dictado por Enrique Acuña “Ex-sistencia del inconsciente –identidad, identificación, vacío-. En la misma, quien escribe comentó el texto de François Cheng, Vacío y plenitud, Biblioteca de Ensayo Siruela, Madrid, 2013.

Notas

(1)Laurent, Eric: “La carta robada y el vuelo sobre la letra”, en Síntoma y Nominación, Colección Diva, 2002, Bs.As.
(2) Cheng, François: “Lacan y el pensamiento chino”, en Lacan –el escrito, la imagen-, Ediciones del Cifrado, Bs.As., 2003.
(3) Ibid, pág. 156.
(4) Cheng, François: Vacío y plenitud, Biblioteca de Ensayo Siruela, Madrid, 2013. Pág. 59.
(5) Ibid, pág. 249
(6) Ibid, pág. 221.

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